Parece ser que éste gran invento (el reloj mecánico), vino de la mano de Geberto de Aurillac (futuro papa Silvestre II) según la Wikipedia, no lo podemos asegurar pero eso no impide que en sí mismo sea un gran elemento de progreso.
El reloj es el más indiscreto de nuestros “amigos” Él siempre acompaña nuestros pasos, que de apoco nos van acercando – sin quererlo – al final de ésta función.
Cuanta desazón sentimos cuando aparecen las primeras arruguitas en el rostro, que siempre solemos disimular, con mil potingues, de forma a hacernos olvidar el tiempo transcurrido que atenta plenamente con la tan querida vanidad.
Ahhh, el tiempo ¿qué nos aporta? Pensaba la “dulce” María; pues yo como mujer y como madre soltera, necesito seguir gustando, y mantener una hermosura imperecedera. Para ello voy continuamente al gimnasio, de forma que no se deterioren mis formas y sean atrayentes y deseadas.
Ciertamente soy mujer y más experimentada; he aprendido cosas que, de jovencita, no podía ni soñar, pero el tiempo me lleva de forma inexorable, hacia un lugar, para mi detestable, que no quiero ni pensar.
La muerte tan temida, es la verdadera puerta hacia la otra vida, se dice normalmente que “nadie” ha venido de allí para contarlo. Esto es un error garrafal, pues el Espiritismo demuestra a través de ciencia, que todos los que parten pueden comunicar; algunos muchos no lo hacen por diferentes razones: no encuentran los medios (mediumnidad) no tienen “merecimiento” o simplemente se apartan de los intereses de ésta tierra mezquina.
Esa mujer que conocía bien se llamaba María y tenía dos hijas a las que el deber le decía. Tienes que educar, ¿Cómo lo hago se preguntaba María? Pues no quiero renunciar a los pocos “placeres” que la “vida” me proporciona, todo lo que me gusta es contrario a la “educación que deseo para mis hijas” ¿Qué hacer?
La educación de los hijos, es cuestión fundamental. No existe en el mundo responsabilidad mayor y ante la conciencia ¿qué decir? Pues María tiene “necesidades” a cubrir que no le gustaría que heredaran sus hijas; de ahí la renuncia y el querer indagar qué hay después del momento fatal de la muerte, pues si no hay nada para qué me voy a esforzar.
María es una mujer actual, liberada y con una mente “brillante” que siempre ha utilizado para sacar partido a cualquier situación; sólo se vio “atrapada” cuando fruto del amor carnal y del deseo (no apareció una hija sino dos) he comentado “atrapada” por el simple hecho que no tenía – en este caso varón – con quien compartir la tarea. Y siempre, siempre, el tic tac del reloj seguía impasible, invitando a la mente de María, a pensar.
El tiempo es una medida “material” pues fuera de las esferas materiales, el tiempo se detiene y nos presenta un panorama eterno. Es por eso que cuando ingresamos en el más allá, nuestra conciencia se amplía, dando paso a las vivencias que tuvimos y de las cuales podemos juzgar, si están armonizadas (no con la ley de los hombres) sino con la ley de Justicia, Amor y Caridad. Que es la verdadera e inapelable ley de Dios.
María se consideraba atea, pues ésta condición era signo de progreso, pero cada día que señalaba el reloj, más se acercaba a meditar sobre el tema de si hay un Dios. Pues si daba como válido, esta cuestión de Dios, sería rechazada de sus círculos de “amistades” tachándola con mucho apelativos de desprecio, por ser coherente con sus pensamientos y sentimientos, y sobre todo porque tenía responsabilidades de educación.
La creencia en Dios nos lleva casi inexorablemente a pensar en el Dios de la “religiones” pero nos olvidamos de la “religión natural” que nos indica que debe de haber siempre una causa primera de todo y a esa causa el Espiritismo lo denomina Dios. Solo pensando en esta ecuación (ley de causa y efecto) encontraremos inexorablemente la presencia de Dios.
María, tenía que trabajar para conseguir el sustento de cada día, y no tenía “tiempo” para educar, pensando que la “escuela” cubriría dicha función, y por supuesto no fue la escuela la que inculcó en los jóvenes corazones de sus hijas las primeras lecciones infructuosas de placeres y regalías que habían de merecer por ser jóvenes. María se quejaba a sí misma que no tenía con quien compartir las tareas, viéndose impresionada con algunos comentarios de las niñas.
Como antes comentaba, educar a los Espíritus que Dios nos confía es la primera obligación, de toda madre, pareja o cualquier otra forma de unión. Cuando no lo hacemos, nos sorprendemos primeramente con ciertas actuaciones, para después del túmulo vernos sorprendidos por la conciencia y sus acusaciones.
Este relato de María no debe de ser extenso, pues el reloj de ella la llevará inexorablemente a descubrir la verdad.
El Espiritismo doctrinario (La Codificación) con sus cinco obras, nos adelanta:
El Libro de los Espíritus (la columna vertebral del Espíritismo) con sus mil dieciocho preguntas y respuestas de los Espíritus, al respecto de la ciencia, la Filosofía y la moral es en sí misma la Obra fundamental.
El Libro de los Mediums (formas, precauciones y maneras de cómo hay que comunicar con los espíritus)
El Evangelio según el Espíritismo (nuestro guía espiritual es Jesucristo, no como Dios, sino como hermano nuestro) Su testimonio y su obra bien explicada.
El Cielo y el Infierno (con dos partes, la primera nos esclarece al respecto de conceptos mal entendidos o mal explicados de la realidad espiritual, la segunda son comunicaciones del más allá, diferenciadas por la ley moral) En estas comunicaciones podemos “verificar” en qué estado se encuentra nuestra alma y lo que el “Tiempo y la experiencia debe mejorar”
La Génesis (completa el Pentateuco Kardeciano) Pura ciencia y elucubraciones del siglo diez y nueve.
El Espiritismo sigue vigente y se actualiza con los nuevos descubrimientos de la ciencia, pero da de ellos explicaciones que la ciencia oficial no alcanza.
El reloj de María, en el sueño se paró, y pudo comprobar a su alrededor (Dios se lo permitía) cómo la verdadera vida aparecía, ésta la llenaba de gozo pero en su conciencia quedaba guardado y sufría por no haber educado en el Amor a sus dos hijas, que hoy miran al reloj con desdén, pues no piensan en el tiempo por su lozanía.
Son muchas las ocasiones que a través del “sueño” somos advertidos, podemos decir que no nos acordamos fehacientemente de ello, pero conservamos la intuición que se hace ver en nuestro interior. Somos mucho más que un trozo de carne destinado a la putrefacción (esto sólo es materia) que se disgrega al no tener al Espíritu que la vitaliza. (Sobreviene el fenómeno de la muerte que tanto asusta) Hemos sido creados como Espíritus a imagen y semejanza de Dios, y como tales, somos entre otras cosas inmortales.
El Espiritismo nos descubre la verdadera vida, podemos “disfrutar” de ello de forma gratuita. No hay que esperar que el reloj de nuestra vida carnal se apague y la “muerte del cuerpo” nos traslade a esferas de vida inferior. Pues el caso de María (la cual leyó e hizo suya la doctrina) no es un caso singular, es el caso de una mayoría que busca la demostración para creer en el Espíritu y en Dios. (Que prueben ellos mismos, pues la mediumnidad está esparcida por doquier) El libro de los Médiums.